Opinión premios

Published on mayo 6th, 2014 | by admin

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Más “Noise”, menos (…) y Forever “Yeguita”

Syntagma Musicum interpretando su versión de “El indio enamorado”. Teatro Nacional de Costa Rica. Foto©Susan Campos

A Roxana Ávila, por seguir creyendo que estamos aquí por alguna razón.

Los premios nacionales representan las políticas culturales de un país, no solo las del gobierno de turno.  Las personas y obras premiadas, en su “diversidad”, nos hablan de expectativas, de posibilidades, y sí, de política. En el caso del acto de premiación de ayer, 28 de abril, celebrado en el Teatro Nacional de Costa Rica, pude comprobar no solo la persistencia de un ideario estético nacional, materializado en la obra de quien recibiera el Premio Magón (otorgado a una vida), y el Premio de Cultura Popular Tradicional “Emilia Prieto”. Los premios “Aquileo Echeverria” mostraron más variedad, incluso puedo decir que en ellos se insertó “la duda”, la necesidad de ampliar la perspectiva de ese “ideario” y su política “corrección”.

Y de esos riesgos quisiera escribir, centrándome en el caso de lo sonoro de lo social-cultural. Me encantaría hablar de otras obras y trabajos premiados que llamaron mi atención, así como de colegas a quienes respeto profundamente, como Anabelle Contreras Castro, Osvaldo Sauma o Mariela Richmond ¡En fin! Me gustaría hablar también de las músicas “coreográficas”, pero me centraré en la presentación de Syntagma Musicum, Sergio Wiesengrund y “La Yeguita” (danza indígena) representada por la Cofradía de Nuestra Señorita de Guadalupe. No quisiera “abarcar mucho y apretar poco”.

El tiempo para las “intervenciones artísticas” es breve en una premiación, como lo puede ser en una “graduación”. Los eventos “culturales” sirven para mostrar qué y quiénes fueron premiados, aunque no se pone a los científicos a exponer sus teorías ni teoremas en performaces o vídeos conceptuales, algo que sería necesario, porque la ciencia también es cultura. Lo aclaro ya que las reflexiones propuestas parten de una base mínima en tiempo, solo me interesa llamar la atención sobre su “conjunción”, pensar la labor premiada en el marco político del evento y su contexto.

Tres narrativas se aúnan aquí, tres tipos de activismo y visiones insertadas en el programa de la premiación: apertura, intermedio y final. El grupo de “música antigua” abre poniendo las bases siempre en crisis, y explorando ese vínculo con lo virreinal, con un pasado occidental al que Syntagma Musicum sumó una versión de la obra anónima “El indio enamorado”, insertando en el ensamble de instrumentos “históricos” una pequeña “marimba”. Proponiendo en sí una ruptura no solo con la idea de tecnologías sonoras del Antiguo Régimen (como ensamble “barroco”), sino insertando un instrumento llegado durante el periodo colonial, proveniente de África, adaptado y re-apropiado en esa Gran Nicoya, reino Chorotega anexado a Costa Rica, y convertido en territorio de acervo identitario para ese ideario nacional, construido a principios del siglo XX y continuado a través de las generaciones, que se vio representado, una vez más, en este acto de premiación. Instrumentos “históricos” los implicados, y “músicas antiguas” eventualmente contingentes pero aunadas en la propuesta. A lo que se suma el hecho de que “el ideario” se ve necesariamente obligado a presentar una “cofradía” que dice practicar una “danza indígena” con más de 300 años, para la adoración de una Virgen (señorita) de Guadalupe. Una vez más: indigenismo, indianismo y nacionalismo como caldo de cultivo para una etnografía imaginaria. Y aquí cabe la pregunta, como me indicó Fernando Contreras Castro: “¿qué etnografía no lo es?”

“La Yeguita” según la Cofradía de Nuestra Señorita de Guadalupe. Teatro Nacional de Costa Rica. Foto©Susan Campos

En ambos casos, desde las tecnologías sonoras de una cultura virreinal, dentro de la que incluyo los instrumentos llamados “europeos” y “autóctonos”, aporéticamente autóctonos ambos en el acto sonoro de “ocupación” y “apropiación” desde una historia compartida, a partir de la herida colonial y todo lo que esta implica. Tecnologías apropiadas por el discurso nacionalista, bajo la égida de la diversidad, donde (a pesar de todo), se sigue insistiendo en una identidad nacional y ontológica compartida: “el ser costarricense”. Arduo tema y problema para investigar, debatir, etc.

Pero en el medio aparece el “Noise”, acompañado por una “escenografía” (pantalla con humos en danza). Un joven con su ordenador que durante dos minutos trajo a presencia algo que no era “música”, algo que no era ni tradicional, ni folklórico, ni de raíces que remitieran a pasados con los cuales identificarse (o no). Ruido. Ruido y una pantalla luminosa en blanco con figuras que se repetían sin remitir tampoco a naturalezas exuberantes con su fauna y flora, ni a grupos étnicos. Ni un solo “paisaje”, ¿o era este un paisaje “otro”? Una “hoja en blanco” modelada por el Ruido. De(s)concierto… Sí, un evento como este no es un “concierto”.

Sin embargo, luego de los dos minutos, y sin pausa, le toca “amenizar” dos poesías que le traen al lugar común, y la ruptura se rompe… Quizás si la poesía convocada se hubiera sumado a la ruptura -porque los premiados en poesía poseen un trabajo aún más poderoso que el que les fue invitado a “leer”-,  el acto de fractura hubiera sido completo, dentro de lo que cabe en tiempos tan “mínimos”, por supuesto… Pero no, se llamó al “concierto”.

La diversidad conviene mientras no se convierta en disrupción.

Y por eso decidí no hablar de “música” en esta breve reflexión, sino de lo sonoro de lo social-cultural. Estos tres eventos me resultan, en su brevísima existencia, fundamentales para pensar. Un acto de premiación, repito, es un acto político. Mis felicitaciones a Syntagma Musicum y Sergio Wiesengrund, pero también a la “cofradía”, porque sin duda necesitamos más “Noise”, menos (…), quiero decir, política corrección (“étnico-identitaria”). Y darnos cuenta de que toda etnografía es producto de imaginarios, como los representados la noche de este 28 de abril en el “templo de la cultura nacional”.

Susan Campos Fonseca

San José (Costa Rica), 29 de abril de 2014.

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